Crónica del Rock in Rio Lisboa 2026 (sábado 20)

Rock in Rio Lisboa 2026 (I): Katy Perry y Charlie Puth reinaron el día del pop, pero y Bebe Rexha!!!

Crónica desde el Parque Tejo — por Musikota.com

Desde Musikota.com pusimos rumbo a Lisboa con un objetivo claro: vivir y contar, de principio a fin, una de las citas musicales más grandes de Europa. Llegamos desde Bilbao directamente al Parque Tejo para recoger nuestra acreditación y empezar a disfrutar del festival sin pasar siquiera por el hotel, con el sábado 20 de junio —jornada inaugural, dedicada al pop— como primera parada de una cobertura que se extendería a los cuatro días de cartel. Una semana, además, que aprovechamos para descubrir Lisboa y sus alrededores: su gastronomía, su cultura y, sobre todo, su gente, ese ingrediente que tanto tiene que ver con el carácter amable y tranquilo que también se respira dentro del recinto.
El Parque Tejo ha vuelto a convertirse, dos fines de semana de junio, en la capital mundial de la música. La undécima edición de Rock in Rio Lisboa reunirá en total a casi 350.000 personas a lo largo de cuatro jornadas que, lejos de repetir fórmula, funcionan como cuatro festivales distintos cosidos por un mismo hilo: el río Tajo de fondo, el puente Vasco de Gama recortado contra el cielo y esa energía de Ciudad del Rock que convierte cada visita en algo más que un concierto.

Rock in Rio Lisboa 2026Nada más entrar al recinto, la dimensión del evento se hace evidente. Cuatro «palcos» —como los llaman aquí, los escenarios— estructuran una oferta que va mucho más allá de la música: decenas de marcas patrocinadoras desplegando juegos, sorteos y regalos ante los que siempre se formaba una pequeña cola, zonas de descanso, gastronomía variada y atracciones que se han convertido ya en sello de la casa, como la noria —con vistas privilegiadas al Tajo— o la tirolina que sobrevuela el público justo por delante del Escenario Mundo. El recinto se fue llenando a lo largo de la tarde de una multitud entregada pero tranquila, de ambiente sano y familiar, con público de todas las edades, en sintonía con un cartel pensado para hablarle a varias generaciones a la vez. De hecho, este sábado de apertura, con Katy Perry como reclamo, fue uno de los dos primeros días del festival en colgar el cartel de «entradas agotadas» (el domingo 21 de Linkin Park fue el primero en hacerlo).
Hubo, además, tres elementos que se repitieron las cuatro jornadas del festival y que ya esa primera noche dejaron claro que esta edición iba a ser especial. Los fuegos artificiales pusieron el broche final sobre el Tajo. Con el Mundial 2026 en pleno desarrollo, el festival no quiso perder la ocasión de sumarse a la fiebre futbolística y dedicó espacio a animar y celebrar a la selección portuguesa entre concierto y concierto. Y, sobre todo, «The Flight» (El Vuelo), la gran novedad de esta edición: a las ocho de la tarde, cinco avionetas Yak-52, pilotadas por el equipo luso-español Yakstars, surcaban el cielo sobre el Parque Tejo en perfecta sincronía. Un auténtico espectáculo de medio tiempo de categoría mundial, acompasado con la música que sonaba en el Palco Mundo y reforzado por más de cuatrocientos fuegos artificiales y humo de colores pintando el cielo lisboeta. Por lo que pudimos saber, esta exhibición aérea fue una novedad exclusiva de esta edición: nada parecido se había visto antes, y todo apunta a que fue el propio Parque Tejo, como escenario nuevo y más abierto, el que inspiró un despliegue de este calibre. Como testigo silencioso de todo ello, una luna preciosa nos acompañó esa primera noche y lo haría las tres siguientes.
Con esa primera impresión del recinto y del ambiente, toca entrar ya en lo verdaderamente importante: la música.

Día 1. El día del pop.

La cita arrancó con las puertas abiertas desde primera hora de la tarde y un público entregado desde el primer acorde. El honor de abrir el festival, y con él nuestra primera toma de contacto con un concierto en directo en esta edición, fue para Calema en el Palco Mundo, el escenario principal. Reconocemos que el dúo luso no nos sonaba especialmente antes de pisar el recinto, pero el público presente se encargó de dejarnos clara su posición: el Parque Tejo ya estaba bastante lleno a esa primera hora de la tarde y la gente bailaba y coreaba sus canciones de principio a fin. Sobre el escenario, ocho bailarinas acompañaron a Calema con coreografías muy vistosas que reforzaron aún más el espectáculo visual. Una manera inmejorable de confirmar, en directo y sobre el escenario más grande del festival, el estatus de Calema como uno de los grandes fenómenos actuales de la música lusófona.

Antes de que Pedro Sampaio saliera a escena, la organización repartió entre el público miles de abanicos amarillos, que terminarían sirviendo como elemento de ambientación coreografiada durante varios de sus temas, tiñendo de amarillo buena parte de la explanada del Palco Mundo. Como Calema, tampoco conocíamos de antes a Pedro Sampaio, aunque para entender quién es bastó con verlo sobre el escenario: uno de los nombres que mejor representan hoy la nueva ola urbana brasileña, capaz de coser el funk carioca con el pop y la electrónica de pista hasta crear un híbrido tan bailable como contagioso. Su sesión fue pura fiesta visual y sonora —pirotecnia, transiciones vertiginosas, coreografías que no daban tregua— y el público respondió exactamente como cabía esperar de alguien que acumula miles de millones de reproducciones gracias a himnos como «Danarina» (todavía más viral tras el remix con Anitta, Nicky Jam y Dadju), «Sentadão» o el más reciente «PocPoc». Pero si hay un momento que se nos quedó grabado de su paso por el Palco Mundo fue ese grito de guerra que ya forma parte de su marca personal: «¡Pe-dro-Sam-pa-io!», coreado una y otra vez por miles de gargantas con un entusiasmo que solo se explica desde la cultura viral de Tik Tok, terreno en el que Sampaio se mueve como pez en el agua. No es la primera vez que pisa el cartel de Rock in Rio, ni en Lisboa ni en su Río de Janeiro natal, y se nota: pocos artistas logran que un Palco Mundo a primera hora de la tarde suene ya como el cierre de la noche. Hubo, además, sorpresa de las buenas: sobre el escenario se subió la cantante Melody para defender junto a él «JETSKI», el tema que comparten junto a MC Meno K y que se ha convertido en uno de los grandes éxitos brasileños de 2026, regalando uno de esos momentos de complicidad entre artistas que el público siempre agradece.

Le tomó después el relevo Bebe Rexha, aunque esta vez tocó cambiar de escenario y bajar hasta el Palco Super Bock, el recinto secundario del festival. Lejos de la inmensidad del Palco Mundo, ahí está precisamente su encanto: la cercanía permite vivir el concierto de una forma mucho más íntima y sentir de cerca la energía de la artista. La propia Bebe Rexha confesó al público que era la primera vez que pisaba un escenario en Portugal, y se notó las ganas con las que se entregó al directo. Su puesta en escena fue todo un espectáculo: un cuerpo de baile que se movía con coreografías muy provocadoras y vistosas, un DJ en el centro del escenario marcando el pulso de cada tema y, en medio de todo ello, una Bebe Rexha que se integró como una bailarina más, repartiendo su tiempo entre cantar a pleno pulmón y bailar codo a codo con su equipo. Pudimos disfrutar a pocos metros de todo ese despliegue y de una voz que sonó impecable, repasando un repertorio cargado de himnos pop muy reconocibles: «Hey Mama», «Bad Bitch», «Sad Girls», «Me Myself and I» o el subidón final con «I’m Good (Blue)» e «In the Name of Love» como cierre, con permiso de «Hysteria» y «New Religion» en la parte central del show. Y aquí toca hacer una parada y ser sinceros: para nosotros fue, sin discusión, uno de los mejores conciertos de todo el festival. De esos directos a los que llegas sin grandes expectativas y que, de repente, te atrapan de principio a fin sin darte tiempo a mirar el reloj; cuando te quieres dar cuenta ya se ha acabado y solo te queda esa sensación de «buah, qué bueno». Si tuviéramos que quedarnos con un puñado de actuaciones de las cuatro jornadas, la de Bebe Rexha entraría sin pensarlo en esa lista.

Con las pulsaciones todavía altas tras el subidón de Bebe Rexha, nos dirigimos de vuelta al Palco Mundo para ver a Charlie Puth, recién salido de interpretar el himno estadounidense en la Super Bowl. Y el cambio de registro se notó casi al instante: las revoluciones fueron bajando poco a poco hasta entrar en ese estado de calma elegante que solo consiguen artistas de su categoría —con apenas 34 años, ya toda una vieja escuela del pop bien hecho—. Lo suyo fue, en buena medida, un ejercicio de hombre orquesta: plantado junto a sus teclados sobre la inmensidad del escenario principal, supo llenar ese espacio él solo y dotar a sus temas de una dimensión que en estudio a veces se queda corta, con arreglos y matices en directo que hicieron que canciones ya conocidas sonaran casi nuevas. Todo ello envuelto en un aire ochentero y un buen rollo constante que conectó sin esfuerzo con las cerca de 100.000 personas que llenaban la explanada. No fue una fecha cualquiera, además: el concierto sirvió de escaparate europeo para su nuevo disco, Whatever’s Clever, y coincidió, casi de forma redonda, con el décimo aniversario de su debut en este mismo festival. Todo bajo un cielo azul salpicado de nubes blancas que parecía hecho a medida para la ocasión. Canción a canción, Puth fue superando el listón que él mismo se ponía, repasando tanto sus clásicos («Attention», «We Don’t Talk Anymore») como los temas de su nuevo trabajo, con un concierto que fue de menos a más, in crescendo, hasta el punto de que no queríamos que se acabara. Sabíamos que después llegaba Katy Perry, el plato fuerte de la noche, pero en ese momento solo nos salía pensar una cosa: este tío es muy bueno.

Y para cerrar la noche, el último concierto al que asistimos esa jornada: Katy Perry, ocho años después de su última visita a Lisboa, regresó como cabeza de cartel ante un Palco Mundo desbordado, con miles y miles de personas hasta donde alcanzaba la vista. Y la verdad es que no defraudó. Arrancó fuerte con un tríptico de clásicos —»California Gurls», «Teenage Dream» y «Last Friday Night (T.G.I.F.)», esta última interpretada entera por primera vez desde 2012—, aunque a estas alturas de su carrera pocas canciones de su repertorio no son ya un clásico reconocible al instante: «Dark Horse», «E.T.», «Roar» o el estreno en directo de su nuevo single, «Watch It Burn». Hubo, cómo no, espectáculo: en un momento del show se metió dentro de una botella gigante de plástico inflable y se dejó pasear sobre el público, que pudo tocarla y acercarse a ella de una forma que pocas estrellas de su tamaño permiten. Se mostró cercana y muy habladora durante todo el concierto, y el momento más emotivo llegó con «All the Love», cuando sonó una llamada grabada con su hija Daisy en mitad de la canción, uno de esos instantes que conectan al público con la persona detrás del personaje y que, aunque no fuera en directo, funcionó igual de bien sobre el escenario. El cierre llegó con «Firework» —en los festivales no hay bises, así que fue el remate natural del show— con todo el recinto iluminado por los móviles. Fue, para nosotros, el último concierto del día y la guinda perfecta a un sábado que se quedó grabado como uno de esos días inolvidables.
Esta es la primera entrega de nuestra cobertura completa de Rock in Rio Lisboa 2026. Próximamente: el domingo 21 de junio, día del rock, con Linkin Park, Cypress Hill, Sepultura y mucho más.

(Redactor: David R)

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