Crónica del Bilbao BBK Live 2022 en Kobetamendi

El retorno del Bilbao BBK Live en su XV edición

Tras tres largos años de su última andadura, el Bilbao BBK Live regresaba a Kobetamendi. Algunos nombres se mantenían intactos en el cartel respecto al previsto para 2020. La variedad de estilos es más que notable, sigue la tendencia al alza de proyectos electrónicos sumado a artistas latinos incluyendo por primera vez un cabeza de cartel de reguetón. Destacar que se puso a prueba por primera vez un servicio de autobuses paralelo al oficial que agilizo, sin duda, la subida al festival.

BIME 2014JUEVES: Bajamos pronto, como siempre, temiendo la cola del autobús porque en las últimas ediciones, aunque fueras a primera hora te topabas con una larguísima fila de personas que iban al camping a montar la tienda o que habían bajado a la ciudad a proveerse de suministros… pero este año no sucedió así, nada mas llegar nos montamos en el autobús y directos para Kobetamendi.
Vimos comenzar L-R, duo mixto de post-folk asturianu, quizás por lo prematuro de la jornada y que acabábamos de aterrizar no nos cautivó en exceso y salimos disparados a Depresión Sonora, proyecto encabezado por Marcos Crespo, la propuesta nos pareció mas atractiva, abarcaba desde el post-punk al pop. Muy ochentero. No resultó ser tan depresivo como preveíamos. Dejamos de ver a las Ginebras, una de las bandas mas aclamadas por algunos para degustar a la cantautora indie-rock australiana Stella Donnelly. La apuesta nos salió fructífera, Stella ofreció una magnífica actuación sin fisuras, dominando en todo momento el escenario, hizo ejercicios de gimnasia y hasta se llegó a tirar al suelo para pedalear al compas de la música, hecho que habíamos visto recientemente realizar a Adia Victoria en el pasado ARF.
Lo considero uno de bolos destacados por nuestra parte. Seguimos con la estadounidense Phoebe Bridgers (4 nominaciones al Grammy® por su segundo trabajo «Punisher» de 2020) Si no hubiese sido por la ejecución de 4 o 5 piezas demasiado lentas que nos durmió y ralentizó el concierto, la valoración del mismo hubiera sido muy positiva. Zahara era una propuesta solida, a la postre otra de las señaladas del día pero preferimos catar a Ed Maverick, un joven mexicano que nos había cautivado en disco, pero en directo nos costó captar su esencia, un folk-rock alternativo demasiado lánguido, con un Grammy® en su haber. Placebo era una baza segura aunque en alguna ocasión nos había fallado, repetía por 3ª vez en el festival (en 2006 estuvieron pletóricos) y una en el BIME 2014. Era totalmente de día cuando saltaron al escenario, estuvo bien, me gustó, pero les faltó algo para encarrilar del todo al personal, de hecho dejaron de interpretar muchos hits, centrándose en su ultimo álbum. Llego el turno a LCD SoundSystem que se solapaba completamente con Nacho Vegas. Fueron un digno cabeza de cartel ofreciendo un show, tal vez no memorable pero si muy efectivo y lucido. Nos convenció plenamente. No teníamos ganas de bailar con Caribou y probamos en la carpa con Allizzz, polifacético artista con grandes logros en su carrera, no estuvimos del todo mal, hasta nos sorprendió con una versión de «Un buen día» de Los Planetas. De Moderat solo vimos los primeros minutos, era agradable pero marchamos veloz a nuestro ultimo bolo de la jornada, Mujeres. No les veía desde hacía mas de diez años, que levantaron a todos los presentes en un Primavera Sound a las 4 y pico de la madrugada. Hoy no anduvieron lejos y con su garage personal revitalizaron a los allí reunidos.
En resumidas cuentas, el jueves consideré una jornada mas que aceptable.

VIERNES: Iniciamos la tarde en la carpa con Confeti de odio. Tras veinte minutos que no estuvieron mal nos dirigimos a Yawners. Previamente quisimos saborear una canción de las madrileñas punk Shego, aptitud y ganas no les faltaban. No me acordaba pero ya había tenido la ocasión de disfrutar de ellos en un BIME City en La Ribera, al ver el look de la vocalista y al paladear sus vibrantes temas de Power-Pop caí en la cuenta. A continuación, Ana Arsuaga, alias Verde Prato, la ex-vocalista de las interesantes bandas emergentes Serpiente y Mazmorra (ya disueltas ambas), ofreció un set de 50 minutos elegante, maduro y sensual, con una voz que iba penetrando dulcemente en los oídos. Inhaler, cuyo cantante es el hijo de Bono de U2, metieron fuerza y garra. Sin disgustarme, tampoco consiguió atraparme, tras 20 minutos fuimos directos a Lori Meyers, la decisión ya estaba tomada de antemano. La veterana banda granadina ofreció un recital plagado de hits. Noni muy activo e inquieto, bajó al público en varias ocasiones, Jordi Évole subió a cantar una canción, lastima que al ser completamente de día desdibujara un poco su gran intervención. De Supergrass solo vimos media hora, medio concierto, estuvo bien pero tampoco nos hervía la sangre y nos fuimos con la esperanza de que los Axolotes Mexicanos nos hicieran vibrar las entrañas, como así sucedió. Entre sus filas: Mario del Valle de Carolina Durante y Lucas de la Iglesia de Confeti de Odio. Olaya, la vocalista no dio respiro a los concurrentes y Axolotes desplegaron todo su arsenal de punk-pop. Hasta que no finalizaron no nos dirigimos a The Killers que se solaparon unos minutos. La banda estadounidense que repetía cartel de la anterior edición, ofreció un formidable show, superior al efectuado en 2019 por estos lares. Otro de mis conciertos destacados. Al finalizar aprovechamos para repostar y sin querer nos dejamos caer en la carpa en la cual acababa de salir Mykki Blanco, al principio nos sonaba un poco raro, una amalgama nada fácil de asimilar pero al cabo de unos minutos, debido al esfuerzo del fontman/woman que no paraba de bajar al público y de la presencia de una banda con instrumentos: guitarra, saxo y teclado, la cosa nos fue calando y acabó entreteniéndonos. De Stromae, que acudía por primera vez al BBK Live con sus mejores galas, solo vi los primeros diez minutos, el apartado visual y luces me pareció inmejorable pero reconozco que musicalmente no me acababa de levantar, quizás le debería haber concedido mas tiempo pero la cuestión es que a escasos metros estaban Dorian, una de las escasas bandas indies estatales punteras que consiguen emocionarme (a ratos). Curiosamente Dorian habían ejercido de teloneros de Lori Meyers en la primera visita de ambos a Bilbao a la sala Azkena en aquel lejano/reciente 2004. Llegué a mitad de la primera canción y las sensaciones fueron optimistas, los de Barcelona desplegaron todo su potencial ante un numeroso público allí congregado. Marc y Belly, el núcleo de Dorian, se movían a placer con gran complicidad, la dupla compuesta por «A cualquier otra parte» y «La tormenta de arena» fue todo un delirio para sus fans, un servidor disfrutó con ellas como uno más. Fin de la jornada 2 que me pareció superior a la del Jueves.

Bilbao Arena SABADO: Alcanzamos a ver la segunda mitad de Venturi pero no pudimos asimilarlo como era debido (el calor, la cuesta…). Cariño, el trio femenino que ha ido subiendo como la espuma ofrecieron un concierto bastante dinámico y animado, a la vez que estuvieron simpáticas y divertidas. Tienen más de un hit que encandilan a sus fans. Interpretaron varios temas de su ultimo álbum. Luego rulamos de escenario en escenario para ver si encontrábamos algo que nos satisficiera hasta que fuimos a parar al Firestone y dar con Billie Marten que justo empezaba. En formato dúo con guitarras acústicas, la dulce voz de la británica nos llegó como una brisa de aire fresco pero a medida que se sucedían los minutos nos parecía demasiada tranquila y con ese sol agobiante que inundaba nuestras cabezas no hacía mas que apalancarnos y sumergirnos en nuestro interior. Tras la finalización quisimos catar una de las estrellas del día, Rigoberta Bandini. Nuestra decepción fue mayúscula. Reconozco mi desconocimiento de la carrera de esta chica pero lo que allí vimos (y nos situamos casi en primera fila) fue a Rigoberta cantando, otra chica haciéndole las segundas voces y un grupo de jovencitas bailando detrás, banda, banda, no había, uno golpeando un poco la percusión que no se si sonaría por los altavoces y otro que creo que tocaba un teclado, mucho ruido y pocas nueces (o ninguna), ni conocíamos las canciones, ni nos parecieron nada del otro mundo, eso si, el grupo de bailarinas no paraba de moverse en todo momento. Tras quince minutos, nos desplazamos al escenario Txiki que acababa de comenzar la banda canadiense Badbadnotgood. Jazz instrumental con matices, toques de rock progresivo. Los allí presentes quedamos más que satisfechos. Como Joy Crookes era a las 21:30h y Nathy Peluso a las 21:20h propuse «por qué no vamos a ver una canción a la Peluso?». Nos costo un poco entrar debido a la multitud de gente, pero se nos dan bien tales cometidos. La argentina salió con mucha fuerza, ataviada como una heroína Marvel, no podemos decir que no llevaba banda. Tras el primer tema huimos, que es cuando se desató el delirio. Joy Crookes se mostró en la carpa gentil y arrebatadora respaldada por una extraordinaria banda.
Chris LoweLlegó la hora del avituallamiento a la espera de los grandes reyes de la noche. Declaro y confieso que nunca he sido seguidor de ellos pero lo que sentí en Kobetamendi de los Pet Shop Boys fue algo magistral. El dúo con una serenidad impecable fue desgranando sus canciones con una gran puesta en escena y juego de luces que cambió notablemente para que entraran varios músicos. La cantidad de hits que sonaron fue increíble, los numerosos temas que conocía que ni siquiera me acordaba. Canciones del ayer pasadas por un filtro hasta el futuro de hoy.
Tras los Pet Shop Boys me quedé solo y acudí a ver qué podía ofrecer la polifacética y famosa artista británica M.I.A. Salió muy animada, moviéndose sin parar y con un grupo de bailarinas pero no había ningún instrumentista, nadie tocaba en directo y lo que sonaba tampoco me gustaba. No me percaté en cambiarme de escenario e ir a la carpa a Nilufer Yanya. Seguido fui a ver al otro cabeza de cartel de la noche, al colombiano de reguetón J Balvin.
Apenas sin músicos, tenía un batería que parecía que marcaba siempre el mismo ritmo y daba la sensación de que no cambiaba de canción. He oído reguetón en Fiestas de Bilbao mucho más bailable y variado. Tras una hora (mucho aguanté), decidí abandonar el recinto e ir bajando poco a poco hasta el autobús mientras J Balvin seguía encandilando a las masas.
El sábado me quedé con un regusto muy amargo, a pesar del extraordinario hacer de los Pet Shop Boys (y alguno/a +)

(Texto: Iñaki Gallardo)

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