Crónica de El Arrebato en el Teatro Arriaga de Bilbao

El Arrebato regala su alma al Teatro Arriaga en una noche de sonrisas y «Gente Luminosa» en su «Viaje Inesperado»

​​Teatro Arriaga Hay noches en las que la magia se nota antes incluso de que se apaguen las luces. El majestuoso Teatro Arriaga de nuestro querido Bilbao lució anoche sus mejores galas, completamente abarrotado, para recibir a Javier Labandón, El Arrebato. Y no era para menos: había entradas guardadas como oro en paño desde el mes de octubre. La expectación era inmensa y, desde el primer acorde de la Intro que dio paso a «Hoy todo va a salirme bien», supimos que la espera había merecido la pena.
​El sevillano llegó a Bilbao con su gira «El Viaje Inesperado 2026», consciente de las ganas de su público, y salió a morder desde el minuto uno con una declaración de intenciones: «Venimos con mucha ilusión. Estamos en Bilbao. Este va a ser el mejor concierto de la gira». Y vaya si lo consiguió. Fiel a su estilo, no dejó de interactuar con el público, derrochando cariño, llamando a los presentes «gente bonita» y llenando el recinto de mensajes de positividad para lograr un único objetivo: «Que pasemos un ratito bonito y que nos vayamos luego a cenar con una sonrisa en la cara que no nos la quite nadie».

​Un repertorio para no quedarse sentado

​El diseño del setlist fue un acierto absoluto, pensado para llevar al público por diferentes estados de ánimo sin que decayera la energía. Tras arrancar con temas llenos de luz como «Una noche con arte» o «La música de tus tacones» (donde bromeó diciendo «No sabéis lo que a mí me gusta escuchar la música de tus tacones»), llegó uno de los momentos más íntimos de la velada: el Popurrí de Baladas. Canciones eternas como «Sólo quería besarte» o «Durmiendo en tu ombligo» crearon un silencio respetuoso y emocionante en el patio de butacas.

​A corazón abierto: los abrazos y las madres

​​Fue en esos interludios (marcados en su repertorio simplemente como «Habla») donde Javier desnudó su alma. Habló del amor más puro, asegurando que «cada día de mi vida me levanto con la intención de ser la mejor persona del mundo para ti», pero el gran nudo en la garganta llegó cuando reflexionó sobre la fragilidad del tiempo:
​»Un día le di a un hombre muy importante en mi vida un abrazo y no sabía que era el último abrazo que le daba. Así que creo que todos los días tenemos que decirle a las personas que queremos lo importantes que son para nosotros».
​El momento más emotivo llevó nombre de mujer. Siendo el pequeño de ocho hermanos y habiendo perdido a su madre en la adolescencia, Javier confesó su gran secreto: «Allá donde voy, creo que las cosas me salen bien porque hago las cosas pensando en cómo le gustaría a mi madre que las hiciera». Acto seguido, pidió el aplauso más grande de la noche para «todas las madres del planeta», recordando que «estén en este plano o en otro, una madre siempre te sigue dando amor durante toda tu vida».

​El protagonismo de una banda de lujo

​Pero con El Arrebato, la melancolía dura lo justo. Enseguida volvió a subir las pulsaciones con el Popurrí de Rumbas («Que salga el sol por donde quiera», «Lady Luna»…), demostrando que domina los ritmos como nadie, atreviéndose incluso a poner a la gente a bailar a ritmo de bachata.
​Un detalle que engrandece a un artista es saber dar su sitio a quienes le acompañan. A lo largo de las más de dos horas de concierto, El Arrebato tomó aire en varios momentos dejando el escenario en manos de sus músicos y coristas. Ellos tomaron las riendas cantando joyas como «Un amor tan grande» o «Eres mi fiesta» (mientras podíamos ver en pantalla a todo el equipo), demostrando que esto es el trabajo de una gran familia musical.

​La actitud por bandera: un final apoteósico

Para la recta final, mirando al patio de butacas, el sevillano sentenció: «A mí me gusta la gente así como vosotros, la gente que sonríe, simpática, alegre… la gente luminosa». Y recordando a todos que «la belleza más bonita y verdadera que tenemos es la actitud», desató la locura colectiva con, precisamente, «Gente luminosa».
​Temas como «Bailando en pijama» y el himno intergeneracional «Búscate un hombre que te quiera» convirtieron el Arriaga en una pista de baile donde ya nadie miraba su butaca. Todo el mundo estaba de pie, cantando a pleno pulmón.
​Para los bises, se guardó la artillería pesada. Tras interpretar el icónico «Himno del centenario del Sevilla FC», cerró la noche con un combo infalible: «Un beso de tu boca» y «Poquito a poco».
​Cuando se encendieron las luces, la sensación general era unánime: se había hecho corto. Fue uno de esos conciertos de los que no te cansas. El Arrebato vino a Bilbao a regalarnos su música, pero sobre todo, nos regaló un abrazo inmenso, lágrimas de emoción y esa sonrisa prometida que nos llevamos a casa. Un viaje inesperado que, sin duda, todos estaríamos dispuestos a repetir.

(Redactor: David R)

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