Crónica de Andrés Suárez en el Kafe Antzokia de Bilbao (Negufest)

Andrés Suárez: UN VIAJE DE LA OSCURIDAD A LA LUZ en el Negufest

​Kafe AntzokiaBilbao, domingo por la tarde. El reloj marcaba las 19:00 horas, una franja inusual para muchos, pero que no impidió que el Kafe Antzokia estuviera lleno de gente de todas las edades en el marco del festival Negufest 2026 en Bilbao y Getxo. No se vivió un simple concierto dominical; fue una catarsis colectiva, una reivindicación de la música en vivo y, sobre todo, un diario abierto de par en par.
​La velada comenzó con una declaración de intenciones rotunda. Sonaba «El hombre pájaro» de Robe, y al acabar una voz en off advertía al público: «Todo cuanto suene en este concierto será en riguroso directo. Inteligencia animal. Como único artificio, seis amigos tocando música sobre el escenario. Este y todos los conciertos de gira Lua van dedicados a ti donde quiera que estés, Robe.». Un homenaje directo a Robe y una promesa de autenticidad que Andrés Suárez y su banda cumplieron con creces durante toda la noche.
​Y es que el cantautor ferrolano vino a presentar su «Gira Lua» desnudando el alma. A lo largo del concierto, Suárez dedicó un total de 28 minutos a charlar con el público, tejiendo sus canciones con historias que arrancaron carcajadas y algún que otro nudo en la garganta. Confesó sin tapujos que el 2024 fue el peor año de su vida, marcado por una profunda depresión que lo mantuvo encerrado a oscuras en los estudios Moraima de Torrelodones. De esa oscuridad lo rescató un viaje a México, un nuevo amor y una flor: la Jacaranda.
​Así nació lo que él mismo, con su inagotable retranca gallega, denominó una «bachata de Ferrol». Relató cómo las videollamadas con 8 horas de diferencia y el amor por esa ciudad tiñeron de lila y violeta su nuevo disco, anunciando además, entre risas por haber «metido la pata», un próximo documental con una «Cara A» en España, y una «Cara B» en México. Las anécdotas mexicanas no quedaron ahí; el teatro entero estalló en risas cuando contó su paso por una enorme tienda de vinilos en México donde, para su sorpresa, el «Top 10» lo coronaba Mocedades, dejando mudo a un joven punk local.
​Kafe Antzokia de BilbaoMusicalmente, el concierto fue lineal en el mejor de los sentidos: no hubo un solo bajón, transitando siempre por todo lo alto. Acompañado de músicos extraordinarios —un sexteto impecable que incluía a Cristina Rubio a los coros y teclado, la maestría del violín que vimos brillar bajo los focos, y la guitarra de José Barragán «Sefo» (protagonista de la hilarante anécdota del grito de «¡Ole los buenos!»)—, Andrés demostró un dominio vocal absoluto. Hubo momentos a capela que enmudecieron a la sala y un sonido cristalino que arropó cada estrofa.
​El setlist (que incluía himnos claros en su hoja de ruta como Durmiendo, San José, Vuelve, Moraima, y por supuesto, Jacaranda y Náutico) fue un recorrido por sus vivencias. Habló del amor adolescente en «C», riéndose de sí mismo como el eterno «intenso» que perdía a la chica frente al malote de la moto, solo para reencontrársela 15 años después y convertir ese desencuentro en canción. Recordó también sus duros pero felices inicios en Madrid, durmiendo donde podía, tocando en el metro por monedas y encontrando refugio en el mítico Libertad 8 gracias a Julián.
​Kafe Antzokia de BilbaoUno de los momentos más especiales llegó al presentar Náutico, recordando aquel bar en San Vicente do Mar donde Miguel de la Cierva los dejó encerrados por error, y cómo un faro iluminaba la estancia cada 13 segundos.
​Pero más allá de las anécdotas, el concierto fue un acto de gratitud. Suárez se acordó de los técnicos, del personal del Antzoki que cuida la música en directo, de Kepa Junquera, de la familia Reino, y de manera muy especial y emotiva, de María Casillas, la amiga presente en el público que, según sus propias palabras, le ofreció su espalda y nadó para rescatarlo y llevarlo a puerto cuando él no podía más.
​El público bilbaíno, desmintiendo ese falso mito de la «frialdad del norte» que tanto molesta al artista, arropó al gallego con un calor abrumador. Se notaba en cada acorde que Andrés Suárez no solo canta sus canciones, sino que las sangra, las ríe y las vive. Anoche en Bilbao, la música curó, la luna negra se desvaneció y la jacaranda floreció en pleno invierno. Un triunfo absoluto.
Si tienes la oportunidad de ver un concierto de Andrés Suárez no lo dudes. Ve.

(Redactor: David)

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