Crónica del Sonórica 2026 en Castro Urdiales

Sonórica 2026: ritmo, entrega y bautizo de festival en Castro Urdiales

El fin de semana del 17 y 18 de julio, el estadio de Riomar volvió a vestirse de gala con la celebración de la sexta edición del Sonórica. Para quien escribe estas líneas —un debutante en la cita de Castro Urdiales— la experiencia no ha podido dejar mejor sabor de boca. La cita ha demostrado una madurez organizativa intachable, apostando por una disposición de dos escenarios (Águila y Sirenas) en el feudo futbolístico castreño que elimina los solapamientos sangrientos y regala una dinámica impecable: acaba un show, caminas unos metros y ya estás inmerso en la siguiente propuesta. La música no se detiene.
​Cabe destacar el bendito capricho meteorológico: frente a los habituales bochornos de mediados de julio, el clima regaló dos jornadas de cielos cubiertos y temperaturas tan agradecidas que no solo evitaron el asfixiante calor de festival, sino que invitaron al bote constante para entrar en calor en los momentos de mayor intensidad. ¿El único peaje previo? El ya tradicional rompecabezas que supone estacionar en Castro Urdiales. No obstante, una maniobra afortunada en la jornada inaugural nos permitió fijar un punto estratégico cerca del recinto que mantuvimos en secreto y con celo para el sábado.

​Viernes 17: La eclosión del indie de guitarras y el arrebato de la medianoche

​El ambiente respiraba ganas de festival desde la apertura de puertas. Cruzamos el control justo a tiempo para atestiguar los últimos compases del rock elegante de Puño Dragón en el Escenario Águila, dando paso de inmediato a la propuesta de Inazio. El joven cantautor navarro ofreció un set vigoroso, derramando una pasión contagiosa y reivindicándose como una de las plumas emergentes más honestas del circuito patrio, capaz de meterse al respetable en el bolsillo a base de cercanía y entrega.
Sonórica 2026Sin dar tregua, Niña Polaca saltó a las tablas para desatar el primer gran terremoto del fin de semana. Lo de la banda madrileño-alicantina es un ejercicio de catarsis colectiva: ritmo frenético, actitud punk y un puñado de himnos inmediatos ideales para cantar a pleno pulmón, poguear y desgastar suela. El contrapunto lo puso la vizcaína Paula Mattheus, que continuó animando la tarde con un registro muy diferente pero igualmente efectivo. Jugando prácticamente en casa —con sus propios padres entre el público apoyando el show y guiños explícitos a parajes tan suyos como la playa de Ereaga con su tema La Salvaje—, ofreció un pop luminoso y muy cuidado. Aunque los tiránicos e inexorables tiempos de producción de un festival no le permitieron desplegar toda esa cercanía narrativa que le gusta intercalar entre tema y tema, Paula volvió a demostrar una conexión natural e inquebrantable con su público.
​Si Paula mantuvo el ambiente arropado con su pop cercano, Sexy Zebras se encargó a continuación de hacer saltar por los aires el indicador de decibelios. El trío de Hortaleza es, sin discusión, una de las apisonadoras más engrasadas del directo nacional. Su hora sobre el escenario fue una descarga ininterrumpida de electricidad y sudor donde encadenaron sin piedad trallazos del calibre de Bailaremos, Mañana no existe, C’est la vie, Jaleo, Charly García, Pogo y la siempre destructiva Días de mierda. Un espectáculo salvaje que rozó el sobresaliente.
Sonórica 2026​Tras semejante derroche de adrenalina, Besmaya ejerció de balsámico puente. La joven formación, que continúa escalando posiciones a pasos agigantados en la letra mediana de los principales carteles del país, aportó frescura y un puñado de melodías de pop distendido que nos sirvieron para tomar aire y reponer fuerzas de cara a la traca final.
​Y es que, en lo personal, el gran aliciente de la velada tenía nombres y apellidos: Ultraligera. La banda madrileña no decepcionó en absoluto; firmaron un directo colosal donde cruzan con maestría la fuerza del rock alternativo con estribillos verdaderamente adhesivos. Comenzaron por todo lo alto golpeando primero con Lapsus, uno de sus últimos éxitos, y a partir de ahí el nivel no bajó en ningún momento. Con un frontman dotado de una presencia escénica magnética, un registro vocal llenísimo de personalidad y un sentido del ritmo arrollador, ofrecieron un show que se pasó en un suspiro. Una actuación sencillamente espectacular que me dejó con la clara necesidad de volver a verles cuanto antes sobre un escenario. El remate festivo corrió a cargo de Innmir, que convirtió el verde de Riomar en una pista de baile electrónica para exprimir las últimas reservas de energía de la primera jornada.

​Sábado 18: Revelaciones, épica intergeneracional y el triunfo de la nostalgia.

​De vuelta a nuestra codiciada plaza de aparcamiento, encaramos la segunda jornada desde muy temprano. La encargada de abrir boca fue la local Yaiza San Martín, dando paso a Éxtasis, que protagonizó una de las grandes sorpresas agradables del fin de semana. Los catalanes firmaron un concierto modélico que fue claramente in crescendo: actitud desenfadada, pegada instrumental y una habilidad pasmosa para encender a un público que, a pesar de la temprana hora, acabó botando en masa. Una banda a la que conviene seguir la pista muy de cerca. A continuación, el trío valenciano Lisasinson tomó el testigo derramando su característico riot-pop desenfadado y directo.
​El primer pilar de la noche llegó con la entrada de Lori Meyers. Con el estadio plagado de camisetas del grupo, los de Loja desplegaron un arsenal de clásicos impepinable que desató la euforia colectiva. Un tiro seguro de festival donde es sencillamente imposible no cantar y bailar cada una de las estrofas. Acto seguido nos desviamos para descubrir a los de Bilbao Galerna, una de las promesas más interesantes de la escena vasca actual, cuyo directo elegante y atmosférico reafirma el gran momento que atraviesa la cantera del norte.
Sonórica 2026Pero si hubo un momento que detuvo el tiempo en el Sonórica 2026, ese fue el concierto de Hombres G. Los de David Summers firmaron el set más extenso de todo el fin de semana, regalando un auténtico carrusel de himnos inmortales que borró de un plumazo cualquier brecha generacional. Escuchar en directo Nassau fue un viaje instantáneo y conmovedor a mi infancia. Me trasladó a una tarde de sábado frente al televisor de tubo, viendo el mítico programa Tocata en el preciso instante en que Hombres G estrenaba una canción que me alteró el cuerpo entero y me hizo bajar corriendo a la calle, emocionado y revolucionado, para jugar con los amigos. Cantarla hoy a pleno pulmón me devolvió también a aquel día en Ourense en el que la entoné sin descanso hasta que mi acompañante me pidió compasión; un grito desatado que me sirvió de puro desahogo frente a esas situaciones de la vida para las que a veces cuesta encontrar explicación. Además de repasar su inacabable catálogo de éxitos, se permitieron presentar su más reciente composición vinculada a su proyecto documental. Constatar cómo varias generaciones cantan al unísono estas canciones demuestra por qué el formato festival cobra sentido: por la oportunidad de presenciar a titanes de nuestra historia musical compartiendo cartel y espacio con la savia nueva.
​La madrugada continuó con Malmö 040, la banda barcelonesa que sigue su meteórico ascenso imparable —con la vista ya puesta en su asalto al Movistar Arena de Madrid—. Tras un directo vibrante y enérgico, demostraron una cercanía exquisita bajando al término del show a fotografiarse y charlar con sus seguidores, un gesto que honra a una formación en pleno vuelo. Tomó el relevo Barry B, una de las sensaciones indiscutibles de la temporada, tras su sonado paso por el Bilbao BBK Live 2026 en Kobetamendi. El artista desplegó su audaz y vanguardista propuesta compositiva; y aunque a esas alturas de la noche el cansancio físico comenzaba a pasar factura a las piernas del público, el burgalés se vació en el escenario para mantener la llama encendida.
​El fin de fiesta tuvo el nombre de un mito de la cultura de club: Chimo Bayo. El veterano DJ valenciano, ataviado con su inconfundible chaleco de luces y armado con su letal batería de muletillas y su mítico «¡Chiquitan chiquiti tan tan tan!», convirtió el tramo final en una rave nostálgica y festiva. Aunque las fuerzas nos obligaron a ir recogiendo velas de forma progresiva, echamos la vista atrás para ver a un estadio entregado por completo al hedonismo y a la cultura noventera.
​Sonórica 2026 echa el telón dejando un balance inmejorable: una organización , un ambiente sano y acogedor caracterizado por el respeto entre públicos de todas las edades y un cartel equilibrado con nota. Castro Urdiales ha encontrado la fórmula perfecta para su cita musical. Solo queda tachar días en el calendario a la espera de ver con qué nos sorprende la organización para la edición de 2027.

(Redactor: David R)

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