Crónica de Rozalén en el Bilbao Arena de Miribilla
El pasado 28 de diciembre, Rozalén despidió su 2024 con un concierto memorable en el Bilbao Arena, ante unas 5.500 personas que ocuparon sus asientos para disfrutar del último espectáculo de la gira «El abrazo», su sexto álbum. Durante más de dos horas, Rozalén ofreció un concierto de 22 temas que dejó al público emocionado, alegre, agradecido.
En primer lugar Rozalén agradeció «el telón de oro que ha puesto vuestra paisana Maren» que cantó con su guitarrista y su bonita voz cinco canciones.
La noche comenzó con energía cuando Rozalén interpretó su tema «Lo tengo claro», marcando el inicio de un viaje musical cargado de momentos emotivos y festivos. Aunque no soy un habitual oyente de su música en casa, tenía claro que el concierto sería especial, y así fue: una maravilla de principio a fin. Rozalén no solo conquista con su espectacular voz y su música, compuesta por ella misma, sino también con la cercanía y humanidad que transmite en sus palabras. De estudiar psicología a «titiritera».
Al inicio del espectáculo, confesó con humor: “Voy a empezar a hablar para quitarme los nervios”, arrancando sonrisas entre los asistentes.
A lo largo del concierto, Rozalén compartió anécdotas personales y reflexiones que tocaron el corazón del público. Recordó a sus paisanos de Letur, su lugar de residencia, quienes han sufrido las consecuencias de la DANA, y también dedicó palabras a su padre, quien falleció hace tres años. Especialmente emotivo fue el momento en el que sacó una bufanda del Athletic, recordando cómo su padre disfrutaba viendo los partidos de su equipo favorito. Este gesto despertó los aplausos y la emoción de los asistentes, que sintieron la conexión de Rozalén con Bilbao.
Rozalén destacó por su cercanía durante toda la velada, hasta el punto de bajar al público para interpretar una canción entre los asistentes, “La puerta violeta”, haciendo de esa experiencia algo íntimo y único. Su sentido del humor también estuvo presente, cuando dijo con cariño que su objetivo era “hacer llorar a uno de Bilbao”, algo que logró durante la “parte de duelo” del concierto.
En esta sección, Rozalén interpretó temas profundamente personales, como: “Ceniza”, dedicada a su abuela, una versión de “Paloma negra”, de Chavela Vargas, a quien representa en el teatro, “Entonces” recuerdos de infancia, y “Todo lo que amaste”, escrita para su padre.
Sería la parte de duelo, pero sin duda una parte emocionante y la parte diferente. Era como si se hubiera salido del concierto que estábamos viendo para entrar en un espacio diferente.
Tras este instante de profunda emoción, Rozalén devolvió la alegría al público con temas más animados. Sin embargo, otro momento inolvidable llegó cuando presentó la canción “Xalbadorren Heriotzean”, de Xabier Lete, calificándola como un regalo para ella. Su interpretación fue tan intensa y emotiva que puso a todo el público en pie, arrancando una ovación interminable. Con humor, Rozalén bromeó: “Los de Bilbao nacemos donde queremos, y yo he nacido en Albacete”.
Rozalén vino muy bien acompañada musicalmente, con una banda sólida y su inseparable traductora de signos, Beatriz Romero (Bea), quien, como siempre, añadió una dimensión inclusiva y conmovedora al espectáculo. La calidad del sonido fue impecable, permitiendo disfrutar de cada matiz de la polivalente voz de Rozalén, que se movió con soltura entre momentos íntimos y potentes estallidos de energía.
Entretanto, por supuesto, canto sus temas más conocidos (por lo menos para mí) como «Y busqué», «La cara amable del mundo», un 3 en 1 maravilloso «Vuelves / Comiéndote a besos / Este tren», «Girasoles»,… Destacando también los temas ‘Te quiero porque te quiero’ sonando como tuna y una jota dedicada a su querido ‘Es Albacete’.
El bis fue la guinda del pastel en una noche ya inolvidable. Ante el clamor de un público entusiasmado, Rozalén reapareció con un pañuelo palestino rojo atado al micrófono y desató un torbellino de emociones.
Acabó su concierto con los temas “Llévame”, la comentada “La puerta violeta”, interpretada entre el público, que coreó su estribillo con entusiasmo y un cierre por todo lo alto con “Todo sigue igual”, un broche festivo que puso fin a una noche cargada de música y emociones.
Rozalén, visiblemente emocionada, agradeció al público diciendo: “Gracias por esta historia de amor que tenemos con cada ciudad, con cada pueblo”. A la salida del concierto, el entusiasmo de los asistentes era palpable. Entre comentarios de admiración, se escuchaban frases como “¡qué bien canta!” y “ha sido un concierto precioso”.
El concierto de Rozalén fue una experiencia para los sentidos y el alma. Para el corazón. Yo no quería perdérmelo. Mis expectativas altas se quedaron pequeñas. Su voz, su música y su humanidad crearon un espectáculo que trascendió lo puramente musical.
Una noche inolvidable que reafirma a Rozalén como una de las artistas más completas y queridas.
Y la pregunta que yo lanzo al aire, o a Rozalén: ¿Cuándo vuelves a Bilbao? Sin duda, volveré a verte.
(Fdo: David Ramos)
