Crónica de Romeo Santos y Prince Royce en La Magdalena de Santander
​Bajo el cielo de Santander: La noche en que Prince Royce y Romeo Santos dijeron adiós a Europa a ritmo de bachata
La música tiene esa extraña capacidad de acercar lugares que en un mapa parecen lejanos. Anoche, durante unas canciones, el Atlántico pareció bastante más pequeño.
No importó el hachazo al bolsillo ni las previsibles colas en los accesos. Cuando la causa es ser testigo de un pedazo de historia de la música latina, no se escatima. La PenÃnsula de la Magdalena de Santander recibió la última parada europea del tour de Prince Royce y Romeo Santos: un auténtico maremágnum de 12.000 personas dispuestas a dejarse la voz y las caderas en una noche que tardará en olvidarse.
Si algo caracterizó la postal de La Magdalena fue el ambiente electrizante y diverso de sus asistentes. Como no podÃa ser de otra manera en un hito de esta magnitud, la comunidad sudamericana encabezó el fervor en las primeras filas, aportando ese calor, ritmo y pasión inconfundibles. Sin embargo, el público local también respondió con la misma fuerza, demostrando que la bachata no entiende de fronteras.
​Fue una lección de estilo. Pocas ciudades lucen y se visten para las grandes ocasiones como Santander: la campa se convirtió en un desfile de gente guapa, arreglada y elegante, dispuesta a vivir una noche de gala a la orilla del Cantábrico.
Ambos artistas eran plenamente conscientes de la dimensión multicultural del evento, y asà lo hicieron notar desde las tablas al ir pasando revista, en varios momentos del show, a prácticamente la totalidad de los paÃses sudamericanos. Aunque el instinto no fallaba —y la masiva presencia de público colombiano y español marcaba la pauta en la campa—, la respuesta a cada guiño desde el escenario confirmó que no quedó rincón del continente suramericano sin representación, voz o bandera en La Magdalena. Una auténtica comunión transatlántica donde el orgullo de cada rincón de América Latina vibró al unÃsono con la afición local.
Hay canciones que son pura TENTACION en directo, pero si algo me quedó claro anoche entre tanto ritmo, es que hay distancias que no pesan cuando uno solo piensa en DARTE UN BESO… aunque para eso primero haya que hacer una buena PROPUESTA INDECENTE
​Hay que reconocerlo: incluso para quien la bachata no figura entre sus géneros de cabecera, resulta imposible no rendirse ante el despliegue visto en La Magdalena. El show ofrecido por Prince Royce y Romeo Santos trasciende el marco estricto del estilo para convertirse en un espectáculo de entretenimiento total. Imposible no dejarse llevar por el ritmo, la puesta en escena y una energÃa contagiosa que atrapó hasta al espectador más escéptico desde el primer minuto.
​Una percepción que pudimos contrastar en vivo y en directo nada más finalizar el espectáculo. A la salida, entre la multitud que abandonaba el recinto, nos cruzamos con varios amigos de nuestro propio pueblo, Amurrio, a quienes jamás hubiésemos imaginado en un concierto de este género. Al preguntarles por sus impresiones, la respuesta fue rotunda y sin matices: «Genial». Una anécdota tan cotidiana como reveladora que confirma cómo dos auténticas figuras mundiales son capaces de derribar cualquier prejuicio musical a base de puro espectáculo.
​Tampoco faltaron esos clásicos que ya son patrimonio de la música latina contemporánea, como la emblemática revisión a ritmo de bachata de «Stand by Me» que encumbró a Prince Royce en sus inicios. Entre el clásico tema que popularizara Ben E. King en los sesenta, las incursiones en el género urbano como el popular «Khé?» de Rauw Alejandro, hasta auténticos Himnos de la vieja escuela como «Noche de sexo» de Wisin y Yandel. Un ritmo vertiginoso de unos treinta temas en versiones concentradas, el show se convirtió en una traca ininterrumpida de hits donde era imposible dejar de bailar y cantar.
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La complicidad con los asistentes alcanzó su punto álgido cuando decidieron hacer partÃcipe directo al público subiendo al escenario a un espectador. El afortunado fue Jose, un joven colombiano que no solo no se acobardó ante la magnitud del recinto, sino que se adueñó por completo de las tablas. Con un desparpajo impresionante, cantó y bailó a un nivel que rozó el de las propias estrellas de la noche, provocando el delirio en la campa. La Magdalena entera rompió en una atronadora ovación coreando su nombre, firmando uno de los momentos más frescos, espontáneos y vitoreados de todo el show.
Detrás de semejante despliegue hay que destacar, sin duda, a una banda de músicos excepcional y con una puesta en escena muy original. El escenario estaba estructurado en dos alturas: mientras una parte de la formación se situaba en el piso principal, el resto ocupaba una segunda planta elevada, luciendo un montaje impecable. Hubo tiempo también para el lucimiento individual durante la presentación de la banda, donde las cámaras enfocaron uno a uno a los músicos mientras improvisaban breves notas y saludaban cariñosamente al respetable. Un momento milimétricamente coreografiado, pero ejecutado con una fluidez y cercanÃa que cautivaron a La Magdalena.
​Hacia la mitad del espectáculo, el escenario ofreció una estampa tan curiosa como emotiva. Mientras las pantallas proyectaban imágenes de los rascacielos y puentes de Nueva York, irrumpió en las tablas la recreación de un suburbano. Todo un homenaje a sus orÃgenes en El Bronx, que simulaba los trayectos en transporte público que ambos realizaban en su juventud antes de dar el salto al estrellato mundial. Un viaje nostálgico a sus raÃces neoyorquinas que conectó de lleno con la memoria emocional del público.
​El impacto visual alcanzó su punto álgido en la recta final del show cuando irrumpió en el escenario un Hummer personalizado. Lejos de ser un mero capricho estético, el vehÃculo —inspirado en el primer Hummer que compró Romeo Santos en sus inicios— funciona como el corazón escenográfico del Mejor tarde que nunca Tour. Un potente sÃmbolo de su evolución, sus comienzos y su sólida amistad sobre el que los dos reyes de la bachata pilotaron los momentos más espectaculares de la despedida.
Una Aventura es más divertida si huele a peligro. Uno de los momentos cumbre llegó cuando rescataron las canciones mÃticas de Aventura, desatando la nostalgia y convirtiendo la campa en un coro multitudinario a pleno pulmón. Aunque la lista de éxitos fue abrumadora, los fans más detallistas echaron en falta el tema Déjà Vu, bachata interpretado por Prince Royce y Shakira, la única gran ausencia en una velada impecable.
Porque si algo me enseñó la noche en Santander es que para las cosas buenas —y para conectar con quien de verdad importa— siempre es «Mejor tarde que nunca», sin importar el mapa.
Hay conciertos que dejan recuerdos. Otros, además, despiertan una ilusión inesperada por aquello que todavÃa está por venir. Una BONITA y agradable sensación de que agosto aún guarda una fecha especial. Esa ilusión silenciosa que permanece cuando todo ha acabado.
(Redactor: David R)
