Crónica de Los Rebeldes en el Kafe Antzokia de Bilbao

La eterna juventud de los Rebeldes

Visto lo visto el pasado sábado en el Kafe Antzokia parece que Los Rebeldes gozan de una segunda, tercera o eterna juventud.
Les cantamos por primera vez, allá por finales de los 80, en el Polideportivo Zubialde de Portugalete junto a sus paisanos los Brighton 64, en esa década y en la siguiente Los Rebeldes se prodigaron poco por estos lares, en cambio, en estos últimos años nos visitan con regularidad.

Carlos SegarraEl templo bilbaíno lucía sus mejores galas, sold out, en las primeras filas estábamos totalmente abarrotados.

Si hay una cosa que no desea un promotor es que su bolo coincida con un partido del Athletic en San Mamés y que su rival sea uno de los grandes, esto es precisamente lo que sucedió el sábado noche, a pesar de todo, la asistencia al concierto de Los Rebeldes (que parecía que jugaban en casa) no fue mermada en absoluto por el encuentro de la jornada, Athletic 0 – Barcelona 1.

Se trataba de un público veterano el que llenaba la sala, aunque vi también a algún chaval que otro, parte del público era de la Vieja Escuela que solo salen de casa en ocasiones especiales como esta y por otro lado se encontraban los rockeros habituales.

Pasaba un minuto de las diez cuando «Mediterráneo», quizás el tema más popular de los catalanes, inunda la sala. Todo un acierto empezar con un gran hit, el público se mete en el concierto desde el primer instante y la banda se relaja un poco sabiendo que han tocado a primeras de cambio la más o una de las más conocidas. El subidón continúa con «Harley 66» y «Eres especial», todas de sus primeros discos de los 80. Poco después, sin respiro ninguno, cae «El rock del hombre lobo» de su Álbum de debut «Cerveza, chicas… y Rockabilly!» de 1981. Seguido, otra de su trabajo más vendido «Mas allá del bien y del mal» del 88, «Un Español en Nueva York». Carlos Segarra, todo un frontman, no paraba de moverse y de rasgar las seis cuerdas, habló lo justo y necesario y convenció. «En la vida es un tren» hasta tres guitarras rugieron al unísono, a los dos guitarristas oficiales se les sumó Dani Nel-lo, que en esta ocasión dejó aparcados el saxo y la armónica.
Dani Nel-lo
Tras «La Rosa y la Cruz» y «Tequila» le llega el turno a otra de las más celebradas «Bajo la luz de la luna», uno de los momentos álgidos del show.
Entre el público habíamos reconocido a Reyes, de Dinamita pa’ los pollos, de repente sube las escaleras y se dirige al camerino para salir más tarde al escenario a cantar «Rebeca». Finalizan con «Mi Generación», otro de los momentos cumbres, las primeras filas se vuelven locas, la apoteosis. Se hicieron un poco de rogar con el primer bis, «Mescalina» que retomó el delirio del anterior y un segundo bis de un solo tema, el «Corazón de rock’n’roll». Al terminar toda la parte delantera del público se había movido como una coctelera. Para despedir a la banda y las ovaciones de rigor, suena de fondo la música de los dibujos animados de la Pantera Rosa.

El bolo fue vibrante, dinámico, vistoso y enérgico. Los incondicionales seguro que hubiesen querido más y más pero yo creo que con una duración de 1 hora y 45 minutos esta mas que bien. Ya se que cada uno echaría de menos una u otra canción, yo, concretamente
me hubiera gustado que interpretaran «No me gusta trabajar». La banda al completo estuvo sensacional pero seria injusto no destacar la
inmensa labor que realizo Dani Nel-lo que iba elegantemente ataviado con una chaqueta de color naranja pálido, el cual tuvimos el gusto de verle a finales de los 90 en este mismo lugar con «Nel-lo y la Banda del Zoco». El bajista alternó el bajo con el contrabajo llegándose a poner encima de él.
En definitiva, excelente velada de rock’n’roll en el que todas las partes salieron satisfechas.

(Texto de Iñaki Gallardo)

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