Crónica de Gatibu en el Bizkaia Arena BEC de Barakaldo

Un adiós que supo a principio: Gatibu incendia el Bizkaia Arena BEC de Barakaldo en su gran despedida

La banda de Gernika repasa sus 25 años de historia ante 15.000 personas en una noche cargada de reivindicación, homenajes y emoción desbordante.

Afortunadamente, existen esos momentos en los que uno logra evadirse de todo. La música tiene ese poder especial, casi mágico, de pausar el mundo exterior. Y ayer fue el caso. Está demostrado que ayuda a curar el alma, y lo que vivimos anoche en el BEC de Barakaldo fue, sin duda, terapia.

En el segundo de sus tres asaltos finales, Gatibu demostró por qué han sido parte de la banda sonora de Euskal Herria durante un cuarto de siglo. No hizo falta ser un seguidor acérrimo desde sus inicios para entender, nada más apagarse las luces, que estábamos ante una noche especial.

El recinto, ese BEC que a veces intimida, tardó en coger color, pero como suele pasar en las grandes citas, se llenó de golpe a última hora. 15.000 almas terminaron abarrotando la pista y las gradas. Antes de la tormenta, el DJ Josina Etxeberria (Gaztea) se encargó de caldear el ambiente, logrando que el público entrara en calor y predisponiéndolo para la fiesta que se avecinaba.

Bajo el lema «Agur Esan Barik», Alex Sardui y los suyos plantearon el concierto no solo como un repaso musical, sino como una auténtica oda al euskera. Fue algo que recalcaron en varias ocasiones, reivindicando la lengua como el motor que les ha permitido conectar con varias generaciones durante 25 años.
El repertorio fue cronológico, arrancando con la crudeza y frescura de su primer disco, Zoramena. La puesta en escena estuvo a la altura de la magnitud del evento, con llamaradas de fuego real y un despliegue de luces apabullante. Pero hubo un instante visualmente sobrecogedor: la interpretación de una Ikurrin Dantza (o Agintariena). Alex Sardui, con movimientos solemnes, agachándose hasta casi rozar el suelo y ondeando la ikurriña de lado a lado con fuerza, generó una imagen de respeto y arraigo que puso la piel de gallina a todo el pabellón.

La noche también tuvo espacio para la conciencia social y el recuerdo. Gatibu no quiso mirar hacia otro lado y dedicó un momento sentido al recuerdo de las víctimas del genocidio en Gaza.
Musicalmente, las sorpresas fueron constantes. Hubo un inesperado y celebrado guiño al rock estatal cuando Alex Sardui entonó un fragmento del mítico «So payaso», recordando a Robe Iniesta de Extremoduro, demostrando que la buena música no entiende de fronteras.
El desfile de invitados fue de lujo. Tom Lizarazu (Bulego) y Leire Martínez (ex La Oreja de Van Gogh) unieron su voz a la banda, y la guitarra de Arkaitz Ortuzar aportó garra rockera. Sin embargo, para mí hubo un momento que superó a todo lo demás. Entre la multitud y los focos, sentí un orgullo especial al ver subir al escenario a Iñaki Plaza con la trikitixa en las manos. No todos los días ves a tu vecino amigo de infancia, ese con el que jugabas en el barrio cuando eramos niños, convertido hoy en un músico enorme ante 15.000 personas. Verle ahí arriba, dominando el instrumento, fue esa clase de «golpe de realidad» emocionante que humaniza a los ídolos.

Lo de esa noche fue un ejercicio de resistencia física y felicidad. La gente no paró. Desde la primera fila hasta la última grada, el BEC no dejó de saltar y bailar ni un solo minuto. Es difícil explicar la energía que se genera cuando tanta gente decide celebrar a la vez.

Gatibu se va, y lo hace en la cima.

Benetan pribilegio hutsa da Euskal Herrian bizi eta gure hizkuntza den euskara maitatzea, baita Gatibu bezalako taldeek oparitzen dizkiguten une ahaztezin hauetaz gozatu ahal izatea ere; horregatik guztiagatik, eskerrik asko.

(Texto: David)

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