Crónica de Fito & Fitipaldis en el Bizkaia Arena BEC de Barakaldo
Fito profeta en su tierra, aullidos de rock y nostalgia en el BEC
​Ayer, 9 de enero, el Bilbao Exhibition Centre (BEC) colgó el cartel de «no hay billetes» para recibir a Fito & Fitipaldis en su gira «Aullidos». El ambiente previo ya anticipaba una noche grande: gente de varias generaciones, algunas gorras caladas y una selección musical exquisita elegida por el propio Fito para amenizar la espera. Mientras el recinto se llenaba, sonaron joyas como «The ballad of John and Yoko» de The Beatles, «You are my face» de Wilco o el «You can’t always get what you want» de The Rolling Stones. A las 20:37, con la puntualidad de las grandes citas, se apagaron las luces y la electricidad estalló en el aire.
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El arranque fue una declaración de intenciones con A contraluz y un sentido «Gabon Bilbo» que conectó de inmediato con la grada y la pista. Fito no dio tregua, encadenando «Un buen castigo» con frases que son historia («Tú no eres sin mÃ, yo solo soy contigo») y desatando la locura con «Por la boca vive el pez», donde el pabellón se vino literalmente abajo. La maquinaria de la banda funcionó a la perfección en clásicos como «Me equivocarÃa otra vez», coreada por miles de gargantas que sentÃan aquello de «sigo apostando al cinco pero cada vez sale seis», y «Entre la espada y la pared», donde Fito recordó que tocaba en casa… y Javier Alzola regaló una de sus primeras grandes exhibiciones al saxo.
​El concierto transitó por momentos de profunda emoción y conciencia social. Tras «A quemarropa» y la nueva «El monte de los aullidos», el tono se oscureció con «Volverá el espanto», acompañada en la pantalla grande por impactantes imágenes de Gaza destruida. Pero la música de Fito es un viaje de contrastes: tras la intensidad de «Cielo hermético» y «Cada vez cadáver» (tÃtulo del disco anterior), el bilbaÃno gritó «¡Vamos a bailar Bilbao!» para dar paso al rockabilly frenético de «Whisky barato». Fue el momento de lucimiento para los virtuosos Diego Galaz y Jorge Arribas, que ofrecieron una gozada de duelo entre violÃn y acordeón.
​Uno de los momentos más interactivos llegó con la proyección de un vÃdeo del concierto anterior en Madrid saludando a Bilbao. Fito, manteniendo esa tradición de hermandad entre ciudades, pidió al BEC que devolviera el saludo saltando para los fans que vendrÃan al dÃa siguiente, haciendo temblar el suelo del recinto. Tras la calma tensa de la nueva «Como un ataúd», la energÃa volvió a dispararse con «Acabo de llegar», marcada por otra exhibición magistral del saxo de Alzola que levantó al público de sus asientos.
​Antes de la recta final, Fito presentó con orgullo a su familia musical: Poli Climent al bajo, Coki Jiménez en la baterÃa (desde Fuengirola), Carlos Raya a la guitarra (desde Madrid), y las incorporaciones de lujo de Jorge Arribas (piano/acordeón, Valladolid) y Diego Galaz (violÃn).
​Los «fichajes»: Diego Galaz y Jorge Arribas (Fetén Fetén), que con el violÃn y el acordeón le están dando un color increÃble a esta gira El monte de los aullidos.
La ovación más especial fue para el saxofonista de Gernika, Javier Alzola, ¡Es el alma histórica de la banda junto a Fito!, justo antes de que Fito sentenciara emocionado: «¡Desde Zabala os quiero a todos!». Con el corazón en un puño, sonaron los acordes de La casa por el tejado y el himno Soldadito marinero, iluminado por miles de linternas de móvil que crearon un mar de luz inolvidable.​ Es piel de gallina total. Ver el BEC a oscuras iluminado solo por miles de lucecitas mientras suena «Soldadito marinero» es algo mÃstico. Ya no son mecheros como antes, pero la emoción es la misma: parece un cielo estrellado dentro del pabellón.
Fito deja de cantar y deja que sean las 15.000 gargantas del BEC las que lleven la canción. Escuchar a todo el pabellón cantando «después de un invierno malo…» pone los pelos de punta.
Cuando parecÃa que todo acababa, los bises trajeron la sorpresa de la noche, tal y como prometÃa el guion:
Tras la elegancia de «La noche más perfecta», sonó «Entre dos mares». Un homenaje a Platero y Tú que golpeó directo en la nostalgia de los que crecieron escuchando rock en los bares de Bilbao. Fue el guiño definitivo a la adolescencia de muchos. Tocar un tema de Platero en el BEC, en su casa, es muy fuerte. Es volver a los orÃgenes, a los bares de Bilbao, a cuando Fito llevaba el pelo largo y la gorra de otra manera. Para la gente de Bilbao y alrededores, esas canciones son parte del ADN.
​El cierre con «Antes de que cuente diez» fue el broche de oro para una noche donde quedó claro que, pasen los años que pasen, Fito sigue siendo el de siempre.
Es de esa época dorada en la que Fito & Fitipaldis explotó definitivamente. Un viaje en el tiempo de 20 años en cuestión de minutos.
(Texto: David)

