Crónica de El Último de La Fila en el Bizkaia Arena BEC de Barakaldo

Una noche para la historia: El reencuentro inolvidable en el BEC

Bilbao, 5 de junio, el BEC de Barakaldo fue testigo de una cita musical que quedará marcada en la memoria de los miles de asistentes que abarrotaron el recinto. El motivo era de los que no ocurren todos los días: el reencuentro sobre los escenarios de Manolo García y Quimi Portet, integrantes de El Último de la Fila.
Para poner en contexto la magnitud de esta noche, conviene recordar que la etapa activa de la gira de La rebelión de los hombres rana terminó a finales de 1995 precisamente en la misma provincia, siendo aquel concierto en La Casilla el broche final de su historia en territorio vizcaíno. Tras más de 25 años desde su separación, ambos músicos han decidido unir de nuevo sus caminos en esta gira 2026. Como ellos mismos han confesado, más allá de la nostalgia, el motor de esta aventura es la búsqueda de esa complicidad verdadera que solo surge cuando dos viejos amigos se juntan por pura pasión por la música, un sentimiento que les hace sentir «como niños» sobre el escenario. Este segundo concierto en Bilbao se confirmó como un éxito absoluto, colgando el cartel de “no hay entradas” y creando una atmósfera de comunión total entre los artistas y su público.
Desde el primer acorde, se palpó esa química intacta. El repertorio, cargado de los grandes éxitos que han definido su carrera, consiguió que la gente disfrutara y bailara de principio a fin, manteniendo una energía incombustible. Manolo y Quimi no solo ofrecieron una selección musical impecable, sino que se mostraron sumamente cercanos y agradecidos. Uno de los gestos más aplaudidos de la velada fue su esfuerzo por dirigirse a los asistentes en euskera, un detalle que el público bilbaíno agradeció con entusiasmo, rompiendo cualquier barrera entre el escenario y la grada.

Cercanía física y musical

La puesta en escena fue diseñada para eliminar la distancia. Equipado con escaleras específicas, Manolo aprovechó la interpretación de «Canta por mí», una de sus canciones más emblemáticas, para bajar al nivel del público y realizar un recorrido único. Caminó entre la gente, llegando hasta la zona técnica en la parte trasera del pabellón, saliendo por una esquina del escenario y regresando por la otra mientras seguía cantando. Fue uno de los momentos más vibrantes de la noche, convirtiendo el concierto en una experiencia compartida y mucho más humana.
Como guiño a su historia, en uno de los temas se colocó su simbólico embudo en la cabeza, una estampa que muchos seguidores, contagiados por la emoción, también replicaron llevando sus propios embudos desde el público.

Un repaso a la raíz de todo y un invitado de honor

Bizkaia Arena BEC, BarakaldoOtro de los puntos álgidos de la noche fue el emotivo parón de siete minutos en el ecuador del concierto. Se proyectó un vídeo que repasaba la trayectoria de ambos, un documento que subrayó algo fundamental: que su unión artística no nació solo por amistad, sino por una necesidad compartida de expresarse a través de la música.
Pero la sorpresa mayor estaba aún por llegar. Casi al final de la velada, el concierto alcanzó un punto de máxima emoción cuando Ruper Ordorika salió al escenario. El reconocido músico vasco se unió a Manolo García y Quimi Portet para interpretar juntos una canción en euskera, un momento profundamente emotivo que quedará como uno de los recuerdos más especiales de toda la gira.

Un gran cierre y una banda de lujo

La calidad musical no dependió solo de los protagonistas; estuvieron arropados por una banda de músicos de una categoría excepcional que elevaron el nivel de cada interpretación.
El concierto fue una experiencia diseñada in crescendo, ganando intensidad canción a canción. Tras el bloque principal, la banda regresó para un primer bis donde hicieron vibrar al público con temas imprescindibles como «Como un burro amarrado a la puerta del baile» e «Insurrección». En un segundo bis cargado de sorpresas, cerraron la noche con la canción mexicana «El Rey» (Vicente Fernández), momento en el que su batería vitoriano tomó el protagonismo cantando una jota, acompañado por toda la banda.
El tramo final fue un despliegue de espectáculo visual: desde la cubierta del BEC se lanzaron globos que inundaron el recinto para regocijo del personal, mientras que el uso de cañones añadió una espectacularidad extra, con disparos de serpentina y llamaradas de fuego que iluminaron el pabellón, cerrando la noche de manera magistral.
En definitiva, una velada memorable que reafirma el legado de estos artistas y su capacidad para emocionar, uniendo a generaciones bajo el único lenguaje que realmente importa: la música.

(Redactor: David R)
NB: os ponemos un vídeo de Alfred en Abandoibarra durante Aste nagusia de Bilbao porque Manolo García y El Último de La Fila son los únicos que nos obligan a retirar sus vídeos por reclamaciones de derechos de autor, aunque de otros artistas no haya problema.

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