Crónica de Biznaga + Ezezez en la sala Santana 27 de Bilbao
Biznaga + Ezezez revientan la Sala Santana 27 de Bilbao: Cobi, Curro y el triunfo de la nueva canción protesta
Hay bandas que tocan para entretener, y luego está Biznaga, que toca para despertarte a bofetadas. El pasado 27 de febrero, la mítica sala Santana 27 de Bilbao fue testigo de cómo el punk rock puede ser, al mismo tiempo, una fiesta salvaje y el reflejo más crudo de lo que vivimos en la calle.
Para poner un poco de contexto: aunque son originarios de Málaga, llevan desde la década pasada currándoselo en Madrid. Y todo ese trabajo ha dado sus frutos. El núcleo duro de la banda —Álvaro García a la voz y guitarra, Jorge Navarro al bajo y a las letras, y Milky a la batería— no ha parado de crecer en una industria donde todo suele ser de usar y tirar. De hecho, últimamente están arrasando y llevándose un montón de premios, convirtiéndose por méritos propios en los reyes de lo que ahora llaman la «canción protesta contemporánea».
Este concierto en Bilbao fue la prueba definitiva de lo mucho que han madurado sobre el escenario y de la brutal capacidad de convocatoria que tienen ahora mismo.
Ezezez: mucho más que un calentamiento
Antes de entrar en materia, tengo que hablar de los teloneros. A mí personalmente Ezezez me gustaron muchísimo. El cuarteto vasco, liderado por un Unai Madariaga que dio un show tremendo, sonó de lujo.
Lejos de salir a cumplir el trámite o de ser el típico hilo musical de fondo mientras la gente se pide las primeras cervezas, salieron con una seguridad pasmosa a defender su disco Katuzaldia. Con esa mezcla tan atrevida de estilos que tienen, lograron su objetivo desde el primer acorde: quitarnos la caraja, ponernos a bailar a todos e incendiar la pista de Bolueta desde el minuto uno. (Por cierto, detalle de Biznaga más adelante: les dedicaron unas palabras preciosas, diciendo que son gente muy maja y destacando los colores de la República que llevaban en los tambores).
»¡Ahora!» o nunca y la política de tierra quemada
Cuando Biznaga salió al escenario, lo de «ahora es el momento, ahora o nunca» cobró todo el sentido. Era un guiño clarísimo a su último disco de 2024, que precisamente se titula ¡Ahora!.
Y la banda no nos dio ni un solo respiro; la energía no decayó en ningún momento. De hecho, en vez de hacer lo típico y guardarse los temazos para el final, apostaron por la política de tierra quemada. En los primeros compases del concierto nos soltaron del tirón una barbaridad de bloque: Contra mi generación, 2k20 y Mediocridad y confort (un himno que ya es historia de la banda). Aquello fue una auténtica prueba de fuego para los cimientos de la Santana.
A partir de ahí, la pista se convirtió en una locura maravillosa. Como os decía antes, el público respondió a las provocaciones de la banda y se formaron unos pogos circulares bestiales en el centro de la pista. Era poético y salvaje a la vez ver a la gente haciendo crowd surfing, volando en volandas sobre las cabezas y las manos de todos mientras sonaban temas como Domingo especialmente triste o Una Ciudad Cualquiera.
La autopsia de un país: Cobi, Curro y el 99%
Biznaga no canta sobre cosas abstractas. En sus letras te escupen a la cara los problemas del 99% de nosotros: la trampa imposible de los alquileres y el curro precario, cómo nos medican a base de benzodiazepinas por culpa de un sistema que nos ahoga, y nos animan abiertamente a afiliarnos a un sindicato y salir a pelear por lo nuestro.
Pero si hubo un momento que me puso los pelos de punta por su carga visual y emocional, fue cuando tocó desmitificar nuestro pasado reciente con Espíritu del 92 (de su discazo Bremen no existe). Sacaron al escenario a Cobi y a Curro, las mascotas de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla.
Es brutal la metáfora: usar esos muñecos tan amables, que en su día nos vendieron la moto de un país moderno, rico y lleno de éxito, para contrastarlos violentamente con la ruina y la precariedad de la «generación perdida» de hoy. Ver la imagen de esas mascotas, que antes generaban furor y ahora parecen juguetes abandonados pudriéndose en un descampado, es el resumen más triste y acertado de cómo nos han engañado con las promesas del Estado de Bienestar. En directo, a base de distorsión pura, Biznaga le hizo la autopsia a ese espejismo.
De 8 personas a llenar la sala
A pesar de toda esta rabia, también hubo hueco para la emoción. Tras más de una década viniendo a Euskal Herria, confesaron estar «emocionados y nerviosos». Dieron un sentido «Eskerrik asko» y, tirando de ironía, recordaron aquellas primeras veces en Bilbao donde venían a verles ocho o diez personas. «Ahí es cuando se hacían pogos de verdad», bromeaban, mirando a una sala prácticamente llena.
La humildad del grupo quedó clarísima cuando se definieron como «esos cuatro pringaos que están arriba a los que últimamente les va bien». Pidieron aplausos para todo su equipo, para los currantes de la sala Santana por el buen trato y, en definitiva, dejaron claro que si están donde están, es por la gente que les rodea.
El cierre fue una apisonadora total con temas como Ocupar el ahora, La gran renuncia, Líneas de sombra y El entusiasmo. Y la verdad es que, viendo a la gente salir sudada y feliz del recinto, el entusiasmo era más que real. Biznaga está en la cima, y nosotros que lo veamos.
(Redactor: David)
