Crónica de Bebe en la Sala Santana 27 de Bilbao
Bebe en el Negufest 2026 de Bilbao y Getxo: El esperado regreso tras siete años, vértigo superado y nostalgia intacta en la Sala Santana
​El pasado viernes 6 de febrero, la mÃtica Sala Santana 27 de Bilbao vibró con una de las citas más esperadas del Negufest. HabÃa muchÃsimas ganas de Bebe, y no era para menos: la artista extremeña llevaba más de siete años sin salir de gira, una ausencia que se remontaba a antes de la pandemia. Quizá por el peso de este esperado regreso, se hizo de rogar y salió al escenario con algo de retraso.
​Al asomarse a las tablas, ella misma se quedó visiblemente admirada por la inmensa cantidad de gente que abarrotaba el recinto. Con la vulnerabilidad y naturalidad que la caracterizan, dio a entender que ese retraso se habÃa debido a un episodio de miedo escénico. Sin embargo, tras pedir disculpas por la demora, desarmó cualquier atisbo de queja y convirtió el vértigo inicial en una charla Ãntima entre viejos amigos. El hielo estaba roto.
​Una vuelta a los orÃgenes fiel a su esencia​
La noche venÃa marcada por un hito muy especial: el 20 aniversario de sus inicios en la música. Para celebrar estas dos décadas, la banda apostó por mantener los arreglos musicales totalmente fieles a los discos originales. Fue el tÃpico concierto en el que absolutamente todas las canciones te suenan bien, permitiendo al público viajar en el tiempo a través de unas letras que siguen siendo sencillamente espectaculares.
​El setlist arrancó con la fuerza de «El Golpe» y «Revolvió», dando paso rápidamente a clásicos de la talla de «Siempre me quedará». A lo largo de la noche no faltaron himnos generacionales y crudos como «Malo» o el empoderamiento de «Ella», que, como era de esperar, fueron los encargados de calentar la sala y poner a todo el mundo a cantar a pleno pulmón.
​Confesiones, familia y un trono de mimbre
​Tras superar esos nervios de los primeros minutos, el concierto destacó por una atmósfera profundamente Ãntima. Bebe se mostró habladora y cercana, deteniéndose a hacer dedicatorias muy sentidas a la gente que ya no está, recordando especialmente a aquellos familiares y amigos que se han ido quedando por el camino en estos veinte años de carrera.
​Esa sensación de «familia» fue, de hecho, el motor de este regreso. La artista confesó que en su casa todo se habla y se consensúa, y que volver a la carretera tras este largo parón de siete años fue una decisión tomada tras dialogarlo largamente con los suyos. A esto se sumó otra sincera declaración que se llevó una tremenda ovación de la pista: el público vasco y el catalán han sido siempre los que mejor se han portado con ella.
​Pura energÃa sobre las tablas
Ataviada con un sobrio y elegante conjunto oscuro de corte ancho, rematado con botas urbanas y abanico fucsia en mano, Bebe demostró que, pese a los años sin girar, su presencia escénica sigue intacta. No paró de bailar y moverse de un lado a otro del escenario durante toda la actuación, llegando incluso a tirarse al suelo junto a sus músicos en un derroche de energÃa y complicidad.
​Sin embargo, también hubo espacio para la pausa. Un imponente y enorme sillón de mimbre, estilo peacock, dominaba la escenografÃa, sirviendo de cobijo para que la cantante se sentara a interpretar los temas más Ãntimos de la noche. Uno de los grandes clÃmax se vivió al ritmo de «Siete Horas», con la sala entera saltando mientras ella bailaba exultante bajo los focos, cerrando asà una velada redonda sin necesidad de recurrir a todos los ases que guardaba en la recámara.
​Fue una noche auténtica, de las que dejan huella. Una Bebe sin filtros que se enfrentó a sus propios miedos, cantó, bailó, recordó a los suyos y demostró que, tras veinte años, el escenario sigue siendo el mejor altavoz para su alma.
​(Redactor: David)



